viernes, 18 de marzo de 2011

18 de Marzo




Hoy a la mañana fui al Instituto, y tuve una de las primeras clases técnicas. Me traje todos los apuntes y me fui a Sociales a conseguir los de la carrera, también.

Me queda un finde de leer y leer, pero estoy contenta con eso. Nunca arranqué ni siquiera un cuatri tan aplicada, así que tengo ganas de que funcione.

Al volver a casa dormí una siesta porque realmente estaba muy cansada y al levantarme me puse a ordenar, limpiar y dejar las cosas prontas para luego irme al pueblo a ver a los viejos.

Hablamos con Santi y como él iba a irse para allá también acordamos de hacerlo juntos en el auto. La vieja lo llamó diciéndole que había 5 kilómetros de cola en la Panamericana y entonces decidimos salir más tarde.

Me dijo de ir a comer un sanguchito de Bondiola por su casa, pero como iba a haber mucha gente lo convencí de que venga a conocer el departamento.

La verdad es que no se cuándo pasó, pero me he vuelto una gran coleccionadora de momentos bellos. A diferencia de la gente que dice que no sabe valorar un momento lindo cuando lo tiene enfrente, yo pienso que después de pasar por tanto, me aferro como desesperada a cada situación en la que la vida se pone bella y siento en cada partecita de mi ser, y agradezco a Dios, a la vida o al Universo.

Y eso pasó ayer. Luego de momentos en los que ambos, Santi y yo, pensamos que nunca más íbamos a hablarnos, en los que vimos roto todo lo que podía haber entre nosotros, en los que sentíamos que no teníamos más hermano y la relación era insalvable, pasó ayer a la noche.

Ayer a la noche mi hermano vino a conocer mi departamento, fuimos a comprar sanguchitos de parrilla, me contó todo lo que estaba pasando con Luly, le conté de mi comienzo de año. Pasamos por su casa a buscar ropa, vinimos para el pueblo. Y le charlé de mi imposibilidad de oir algunas palabras y seguir comiendo, me sorprendió diciendo que le pasaba lo mismo.  Manejó tranquilo hasta llegar a nuestro lugar de origen. Me dijo si no quería pasar con él por la casa de sus amigos, nos fuimos a verlos y disfruté de esa banda a la que no veía desde hacía tanto. No quería irse a dormir y me dijo de ir a un bar, y nos fuimos. Y aprendí el sentido de pasar horas "tomando algo". Y se puso triste, y se le llenaron los ojos de lágrimas. Y pude ver cómo se sentía,  y pude comprobar lo fácil que era hablar con esa persona impenetrable cuando se abría por la mitad. Y sacamos conclusiones sobre casa. Y sentí por primera vez lo que era tener un hermano adulto, sentí que era la primera vez que charlábamos tanto.

Y no quería que la noche se termine, porque ayer a la noche fui feliz. No dudo en decir que, sin dudas, fue una de las mejores noches de mi vida. 

Porque de eso se hace... de eso se trata. De esos pequeños momentos de magia que logramos armar cuando nos damos cuenta que las cosas que realmente importan están sucediendo en ese instante.

Ojalá descubran las suyas,

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